Si viste como un político, se mueve como un político y habla como un político, lo más probable es que sea un político. Salvo que se trate de Juan Carlos Girauta. Que ni viste ni se mueve ni habla como un político. De hecho, ya no es político. Lo fue. Y, ni siquiera entonces, lo pareció. Con menos razón, iba a parecerlo ahora, que ni tiene carnet de partido ni acta de diputado ni la obligación de asistir a interminables y soporíferas reuniones. He aquí, siempre, un hombre libre.

-¿Ciudadanos ha muerto?

-Pero no ahora. Hace tiempo. Quien no vea hoy que Ciudadanos solo ha tenido un presidente lo verá dentro de unos años. No te hablo como analista. Te hablo como alguien con una idea fiel, por haberlo vivido, de lo que sucedió.

-¿Y qué sucedió?

-Sucedió que a Ciudadanos lo asesina el IBEX. Matizo: una parte del IBEX.

-Por mucho que matices, te ha quedado un titular de lo más antisistema.

-Soy lo contrario de un antisistema. Te digo más: para antisistemas, algunos altos ejecutivos del IBEX que se han creído legitimados para sustraerse a los controles de Bruselas sobre las ayudas a España, decidir qué partido pacta con qué partido una coalición de Gobierno o decirle a los medios qué políticos tienen que aparecer y cuáles no.

-¿Aprendices de brujo de la política y los medios?

-No solo eso, también se han metido de hoz y coz en la posmodernidad. Ahora resulta que son más Black Lives Matter y más cultura de la cancelación que nadie. ¡Anda, hombre, a la mierda!

-¿Incluyes a Josep Oliu, del Sabadell, entre los aprendices de brujo del IBEX posmoderno? Fue él quien dijo que la derecha necesitaba un Podemos. Entonces Vox era irrelevante. Solo podía referirse a Ciudadanos.  

-Oliu dijo lo que dijo libremente, sin concertarse con nosotros. Es cierto que en el IBEX muchos se hicieron ilusiones con Ciudadanos. ¡Por fin un partido liberal! El problema fue que confundieron esas ilusiones con poder llamar al líder del partido y darle órdenes. Ahí chocaron con un muro.

Juan Carlos Girauta

-¿Es cuando deciden el asesinato político de Ciudadanos?

-Ciudadanos muere también por agotamiento. No pudo aguantar el ritmo de repeticiones electorales, al contrario que PSOE y PP, con potentes entramados territoriales y siniestras redes clientelares (por ejemplo, la relación entre diputaciones y medios de comunicación locales). En el PP y PSOE chistas y te vienen todos. Y las veces que haga falta.

-¿Y en Ciudadanos?

-En Ciudadanos decías venga y venían. Pero una vez o dos, tres como mucho. A la cuarta o quinta, la gente dejaba de ir a los mítines, agotada. Éramos una formación preparada para hacer una esplendorosa campaña ahora y dentro de cuatro años, otra.

-¿Tendría que haberse prestado el partido al juego de la corrupción para sobrevivir?

-Yo no hablaría de corrupción. Hablaría de una relajación de la vigilancia y las costumbres por parte de los dos grandes partidos, PP y PSOE. ¿Que también ha habido corrupción? Por supuesto. Aunque no solo. Sobre todo, insisto, falta de vigilancia en la relación de esos partidos con la publicidad institucional, la contratación pública, las concesiones administrativas…

-¿Hasta qué punto se ha visto afectada la sociedad española por esas malas prácticas?

-Para muchos españoles, la situación política es comparable a una competición entre dos equipos, como pueden ser el Madrid y el Barça. Unos defienden una camiseta y los otros, otra. Cuando eso sucede, se acabaron los matices, porque de lo que se trata es de maximizar tus resultados y minimizar los del rival. O sea, un juego de suma cero. Y los que entienden la política así nunca harán un país más grande, ni moral ni económicamente.

-Volvamos a la muerte de Ciudadanos. Hasta ahora has apuntado causas externas. ¿Pero internas?

-Se cometían errores todos los días, claro. Incluso Albert Rivera, al que he visto cometer pocos. Uno de ellos, la última semana de la campaña en la que pasamos a 10 escaños. Entonces Albert abrió la puerta a pactar con el sanchismo, doblegándose en su voluntad de bloqueo. Si ya acusábamos el desgaste por tanta repetición electoral y parte del IBEX y de los medios habían decidido nuestra suerte, mostrarnos contradictorios en lo que nos había dado 57 diputados aceleró el fin del partido.

-Rivera dimitió.

-Albert quería ser presidente del Gobierno. Lo quería él y lo queríamos los que estábamos a su alrededor. Entiende que eso no va a suceder y se va. Y con él, nosotros. Los que se quedan lo hacen para una cosa muy distinta de la que habíamos construido los demás. Se quedan para gestionar la necesidad por parte de otros de sus diez votos en el Congreso.

-¿Correrán idéntica suerte que la de Ciudadanos otros partidos como Podemos o Vox? O te lo pregunto de otra forma: ¿el bipartidismo puede con todo?

-El bipartidismo, en realidad, es una convención. Bipartidismo no ha habido nunca. Lo que ha habido son unas formaciones nacionalistas que, si me permites la expresión, han jodido el invento. Y más todavía, una necesidad de connivencia con esas formaciones. Los pactos con PNV, CiU, ERC, Bildu… hacen imposible la reforma del sistema.

-¿Y la viabilidad de Podemos y Vox?

-A Podemos no sé si pronosticarle una larga vida, pero desde luego no certificaría su defunción. Podemos se ha tragado a Izquierda Unida, partido que, con su efecto acordeón, nunca ha dejado de tener representación parlamentaria, a veces mayor, a veces menor. Lo que Podemos no volverá a lograr serán los 70 escaños que llegó a tener, ni siquiera la mitad. Sobrevivirá, sí, como grupúsculo. Ahora bien, en un escenario fraccionado, un grupúsculo puede ser decisivo.

-¿Y Vox?

-Vox es un partido que no se va a disolver, que da muestras de estar muy vivo, por mucho que eso contraríe al PP. Este, a su vez, va a seguir existiendo, sin la capacidad de aglutinar el voto de la derecha de los tiempos de Aznar, incluso de Rajoy. En la derecha, por tanto, va a haber dos partidos, lo cual es otra muestra de que ni ha habido ni hay ni va a haber bipartidismo.

-¿Podemos seguir hablando de derechas e izquierdas?

-Podemos, sí, pero solo por comodidad. El eje izquierda-derecha ya no explica prácticamente nada.

-Víctor Lenore propone un eje alternativo: elitismo-antielitismo.

-Me parece interesante. A efectos prácticos, yo propongo otros dos (hay muchos más). Uno: ¿qué opinas de los proyectos de integración nacionales en la Unión Europea? Y otro: ¿cuál crees que debe ser la relación de lo público con lo privado?

-Acabas de formular, y por partida doble, la siguiente pregunta.

-Soy partidario de la Unión Europea y de que los poderes públicos no metan las narices en la vida privada de las personas. O sea, soy europeísta y liberal.

-¿Liberal de qué corriente?

-No soy de poner sellos de autenticidad ni de excluir a nadie del ideario liberal.

-Eso nos ahorra entrar en minucias y nos permite continuar la entrevista: ¿qué queremos decir cuando, aunque sea por comodidad, hablamos de izquierdas y derechas?

-Izquierda sería el segmento social más permeado por la filosofía posmoderna, aunque sea en su versión más simplificada y adulterada, la que lo reduce todo a un entramado de sentimientos a flor de piel; derecha, en cambio, sería el sector que se opone a eso.

Juan Carlos Girauta

-En principio, ¿no? Porque hay una derecha que parece haber comprado la mercancía averiada de la izquierda.

-No solo en España; también en el resto de Europa y del mundo anglosajón. Primero rechazan todos los postulados de lo que -por comodidad, insisto- llamamos izquierda, para aceptarlos al cabo de dos o tres años y ser sus principales defensores dentro de cinco.

-¿Algo que alegar en su descargo?

-Todo lo que ha producido la posmodernidad tiene tanta fuerza que pronto desbordó los departamentos de humanidades de las universidades para imbuir de su cosmovisión a muchos de los que pasaban por sus aulas con la intención de ser abogados, periodistas, historiadores…

-Al final, toda esa producción intelectual no eclosionó en una única causa, sino en un mosaico de ellas.

-Pero encadenadas todas ellas en el fondo, de tal manera que el que compra la ideología de género compra también el apocalipsis climático y la cancelación cultural. Esto lo entendió muy bien Ernesto Laclau.

-Al que sí ha leído Errejón y no, en cambio, la derecha. ¿Debería hacerlo?

-La derecha primero tiene que leer los rudimentos del marxismo para saber de dónde viene el posmarxismo. Y luego leer a Gramsci. Y después, por supuesto, a Laclau. No digo que vaya a las fuentes de los posmodernos, porque puede ser una tortura. Pero sí conocer de dónde vienen los tiros y por dónde van.

-¿Y si esa derecha se empeña en su falta de lecturas?

-Entonces seguirá cayendo en la trampa de la izquierda, que le obliga a refutar buenos sentimientos, haciéndole parecer canalla.

-Es difícil refutar un sentimiento, bueno o malo. Véase Cataluña.

-En Cataluña, la solución de los independentistas significa la renuncia de los que no lo son. Los independentistas no buscan un acuerdo. Buscan un trágala. Hay cuestiones axiomáticas que no aceptan, como que la soberanía reside en el pueblo español. Para ellos, Puigdemont es un exiliado y Junqueras un preso político.

-¿Nunca se llegó tan lejos para llegar a ninguna parte?

-¿Quiénes, los independentistas? Sí llegaron a alguna parte. Te voy a decir dónde: a la ruptura de la sociedad catalana. Por romperse se han roto hasta los grupos de WhatsApp. Han acabado con la convivencia para varias generaciones. Las heridas tardarán mucho en restañarse, si se restañan. Lo de llevar una vida de ciudadano normal, pudiendo pronunciarte sobre las cuestiones públicas con tranquilidad, eso se ha acabado en Cataluña.

-Te noto pesimista.

-Cuando se llega a un precipicio y, en lugar de dar un paso para atrás, se sigue avanzando con decisión y alegría, piensas: esto ya lo hemos vivido antes.

Juan Carlos Girauta

¿Te ronda la cabeza algún periodo histórico concreto?

-Cualquiera en que el nacionalismo haya roto la convivencia. Ahí encontrarás el espejo de lo que está sucediendo en Cataluña, con la mitad de la población del lado de los golpistas; la mitad, por cierto, que controla los medios de comunicación públicos y la mayoría de los privados, la patronal, los sindicatos, la universidad, los colegios… El 1 de octubre de 2017, día del golpe, decidí marcharme de Cataluña y no volver a pisarla.

-Porque fue un golpe, no te cabe duda.

-El que retrató la situación con fidelidad hiperrealista fue el rey de España con su discurso del día 3 de octubre.

-De momento, queda la Corona.

-Que, gracias a Dios, goza de la aceptación de la mayoría. También existe un poder judicial independiente y una Constitución del 78 todavía en vigor.

-Pues el ministro de Justicia ha hablado de proceso constituyente.

-Es de las cosas más graves que se han dicho últimamente. Y ha pasado desapercibida. Decir eso es no reconocer la Constitución. Que lo diga el vecino de la esquina, bueno. Pero lo ha dicho el ministro de Justicia. Es acojonante.

-¿Y la del ministro Campo es una opinión minoritaria dentro del Gobierno o responde a un sentir generalizado?

-Dentro del sanchismo existe un poderoso sector que pretende conformar una autocracia. Para ello cuentan con los enemigos de la Constitución del 78: Podemos, los golpistas catalanes, los proetarras de Bildu… En su pretensión, chocan con distintos grados de resistencia, lo que provoca una tensión institucional como nunca antes en la historia de la democracia. Habrá que ver cómo evoluciona el mapa electoral.

-¿Qué puede pasar?

-De todo. Por ejemplo, que PP y VOX sumen mayoría absoluta, limen asperezas, lleguen a un acuerdo y desanden caminos que nunca debieron tomarse.

-¿Desaparecería la tensión institucional?

-Sí, pero aumentaría el antagonismo social, que es algo que promueve la izquierda cuando gobierna la derecha; lo promueve, no desde las instituciones, sino desde su hegemonía cultural.

-De nuevo, la cultura, la importancia de la cultura, de la batalla de las ideas. Podríamos seguir hablando del asunto, pero muero de curiosidad por preguntarte algo: la historia detrás de tu foto con una bolsa, sentado en una silla, con la mirada perdida. 

-Tiene su historia esa foto, sí. Me había bajado una aplicación que convertía las fotos en cuadros. Y pensé: voy a hacer un Hopper, a ver si cuela. Así que me siento en la silla esa, pongo cara de cuadro Hopper y me hacen la foto. La veo, me gusta y la subo a Twitter, con una frase como de tío volado. Y de pronto, empiezan a llegarme mensajes: ¿estás bien?

-El resto forma parte de la historia universal del meme.

-Se ha convertido en un motivo del humor absurdo. Y me gusta. Los montajes que más gracia me hacen, los subo a Twitter. ¿Que Sánchez e Iglesias se reúnen? Ahí estoy yo, en medio, y, en ocasiones, con Bernie Sanders.