El pasado 5 de julio, fue el cumpleaños de José Antonio Fúster. Lo celebró a lo grande: presentando en sociedad el suplemento “Ideas”. Una recién nacida criatura, hija del periódico que dirige, “La Gaceta de la Iberosfera”; ambas, llamadas a dar la batalla cultural en los mundos digitales. Sí, esa batalla cultural que algunos niegan y otros evitan, pero que Fúster libra, con excelente humor y finísima ironía, sin dudarlo y sin descanso, pluma y libros en mano.

Ya nos lo dijo a los asistentes a su fiesta: al veterano periodista no le gusta la vida sencilla. Es más, no se perdonaría conducirse por la vida con la placidez del comodón. Por eso, tras poner en marcha “La Gaceta”, con sus secciones de información, análisis y opinión, Fúster y su equipo han culminado el inicio de la empresa (porque esto es sólo empezar) con “Ideas”, que tendremos cada fin de semana nutriéndonos las cabezas. De esta manera, los últimos de la Iberosfera, como gusta decir a Fúster, están convencidos de que podemos ganar esta peculiar guerra de nuestros días. Porque, si bien somos los últimos, tenemos algo que nos distingue de los de Baler. Y es que tenemos refuerzos. E ideas. Sobre todo ello, conversamos con el director de “La Gaceta de la Iberosfera”.

¿Por qué hacía falta un suplemento cultural para “La Gaceta de la Iberosfera”?

Porque “La Gaceta” ha evolucionado. Los medios de comunicación son seres vivos, evolucionan y adoptan otras formas. “La Gaceta” empieza siendo una revista de análisis y pensamiento y evoluciona hacia un periódico diario. Pero nos daba la sensación de que todavía faltaba algo más, porque no podemos dar la batalla cultural sin hablar de temas culturales. De ahí el nacimiento de “Ideas”.

Y, ¿por qué se llama “Ideas”?

Porque es lo que nos mueve. Son las ideas las que mueven el periodismo, las que mueven el mundo. Desde que nos despertamos por la mañana hasta que nos acostamos por la noche, a los seres humanos nos mueve una idea, ya sea simplemente la idea de sobrevivir o, más allá, la de conseguir algún propósito.

Y, ¿qué tipo de ideas mueven a “La Gaceta de la Iberosfera”?

Nosotros tenemos un propósito, queremos conseguir algo. Soy de una escuela ya muy antigua, de aquélla en la que nos decían que la sección de Internacional no vende periódicos. Pero me iba a dar reparo no intentar hacer periodismo sobre la Hispanidad. No quiero convertirme en un viejecito arrugado, pasando los días en una mecedora y preguntándome: ¿por qué no lo intenté? En este sentido, en “La Gaceta” nos preguntamos: ¿por qué no intentamos alcanzar ese propósito a largo plazo, con gente que nos aporte y nos dé ideas? ¿Por qué no hacemos un puente periodístico con América, a la que hemos aportado tanto, a nuestros hermanos hispanos? Ésa es la idea en la que estamos: la Hispanidad, la libertad, la verdad. A partir de la idea de la Hispanidad, de lo que nos une, queremos construir algo de verdad con nuestros hermanos de la Iberosfera; la reacción a lo que está ocurriendo. Porque la gente reacciona, pero cada uno por su cuenta, como el ejército de Pancho Villa. Vamos a unirnos, vamos a escucharnos. Y no para hoy, no para mañana, sino pensando a medio y a largo plazo, porque la batalla será larga. Tenemos que hablar, escuchar y leer. Y queremos dar ideas, dar argumentos, dar pensamiento y formación, a nuestros lectores.

Se dice que el catolicismo (parte esencial de la identidad hispana) imprime una manera de ser libérrima, confiada, desenvuelta, divertida y, como consecuencia, a veces caótica. Por el contrario, el protestantismo tiende al exceso de rigor, a la severidad, dejando pocas opciones al caos y muchas, por contra, a la eficacia. En este sentido, ¿hay que imitar a “los malos” y dejar nuestro caos?

Tenemos que fijarnos en lo bien que han hecho y el mal que han hecho. En el Foro de São Paulo se juntan un grupo de hispanos que, quieran que no, llevan nuestros apellidos, tienen nuestra sangre, nuestra cultura. Ellos han conseguido difundir sus ideas, ¿por qué nosotros no íbamos a hacerlo? Los hispanos tenemos el mismo espíritu, la misma garra, la misma locura y a la vez la misma nobleza…

¿El movimiento woke es una amenaza para el mundo hispano?

La verdad es que yo espero que el movimiento woke dure más, porque es una herramienta para nosotros. Es tan absurdo, tan desopilante, que sirve mucho. La gente se acerca a esa reacción porque observa el movimiento woke y piensa: «no puede ser». La cultura woke es lo mejor que hay. De hecho, el lema de la Convención Conservadora de Estados Unidos de este año ha sido «Awake, not woke».

Fuente: NBC News

¿El catolicismo es condición sine qua non para dar esa batalla cultural que libran desde “La Gaceta” e “Ideas”?

No lo es, pero no podemos desligarnos de él. Estaríamos siendo injustos y desleales. El catolicismo forma tan parte de nosotros que no podemos desvincularnos de él. El cristianismo es motor del mundo, y no hay nada malo en ello. No alcanzo a ver nada intrínsecamente malo en el cristianismo. Aprovechamos todo de él y todo es bueno. Todo lo cristiano, todo lo católico, es positivo. Y por eso es bueno partir de él.

¿Cómo va a ser “Ideas”?

Cada colaborador es distinto y cada uno va a orientar el propósito de la revista de una manera, dentro de la batalla cultural. Si tú quieres buscar algo que te dé ideas para algo tan importante como acudir a la comida familiar de cada semana con tus cuñados, es muy importante proporcionar herramientas para el debate, para poder desarrollar esa conversación. Los progres tienen eslóganes, y nosotros no podemos contraatacar con eslóganes. Todo es leer.

Pero la cultura es cada vez más un producto de consumo audiovisual, sobre todo en redes sociales. ¿Todo es leer?

Alguien leerá y alguien hará un TikTok y con aquello de lo que ha leído que más le interesa. Quizá elaboremos un pensamiento más o menos profundo que llegue a una sola persona. Pero si esa única persona lo comunica, habrá merecido la pena. Queremos que quienes vayan a la televisión a dar la batalla cultural sepan decir algo, que a veces no lo parece. Quiero pensar que antes de ir a un plató alguien lee. Y nosotros vamos a darle las herramientas para que tenga argumentos en esa tertulia en la que va a participar. En la película El cartero, Mario Ruopolo utiliza un poema de Pablo Neruda para conquistar a una mujer. El poeta le increpa (¡cómo, sin mi permiso!) y Ruopolo le contesta: «la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita». Nosotros podemos lanzar una idea, pero queremos que la gente se la apropie, que no sea nuestra. Toda “La Gaceta” está orientada hacia eso, a que la utilice quien lo necesite, sin mencionarnos, sin tener que citar la fuente original.

¿En qué ámbitos es más importante difundir estas ideas, en el familiar, entre las amistades, o en la opinión pública?

Es igual. A efectos prácticos, la persona que va al bar con sus amigos puede haber tomado esa idea en un medio de comunicación, como “La Gaceta”. Todo el mundo tiene todos los días un pensamiento woke. Necesitamos que alguien nos pegue un bocinazo y nos diga qué hacemos mal y por qué. Necesitamos que la gente esté formada. No podemos consentir que las ideas progres que nos están intentando vender triunfen, porque son malas. En cualquier caso, tanto en el ámbito privado como en el público, la batalla será larga y será dura. Llevo treinta años en la trinchera y lo puedo asegurar.

Y, después de treinta años, ¿cree que hemos avanzado en la batalla?

Al contrario, se ha retrocedido. Estamos muy pocos, como en el desfiladero de las Termópilas, y cada vez quedamos menos. Pero por fin vienen refuerzos, después de tantos años siendo tan pocos. Otros han sucumbido y ya tragan con casi todo; casi siempre, por cansancio. Pero hay esperanza: ya tenemos nuevos combatientes.

Sin embargo, aunque lleva treinta años en la trinchera, hay quienes dicen que no existe la batalla cultural.

Eso lo dicen quienes se han rendido. Hay relatos que construyen la identidad de los pueblos. Es más: son parte importantísima de la identidad de los pueblos. Y esto es una batalla de toda la vida. Cuando yo iba al colegio y cursaba 5º de EGB, un profesor nos preguntó a los alumnos: «¿cuántos de ustedes votarían al PSOE?» De cuarenta y seis niños (entonces las ratios no eran las de ahora), levantaron la mano tres. Volvió a preguntar: «¿cuántos a Fuerza Nueva?». Levantaron la mano una masa. «¿Y a la UCD?», dijo el profesor… y solamente levanté la mano yo. Desde ese día estoy en la batalla. A partir de ahí, intento no callarme.