“Era 1953, Italia era joven y alegre y la Vespa estaba a punto de convertirse en uno de los símbolos más populares y únicos del talento italiano”. Así concluye la película Enrico Piaggio: An italian dream en la que se narra la historia de la scooter más famosa del mundo, que ha subyugado por igual a mods, punks y pijos y se ha convertido en el símbolo cultural de más de una generación.

Este año se celebra el 75 aniversario del lanzamiento de la Vespa que tuvo lugar, por tanto, en 1946. Pero, entonces, ¿qué pasó en el 53?

Remontémonos a los orígenes. La familia Piaggio fue pionera en la industria aeronáutica en Pontedera (Italia), donde antes todo era campo. La fábrica de aviones militares transformó un  pueblo en una ciudad y pasó de tener 100 trabajadores a contar con 10.000 en tan solo siete años. El pequeño milagro corrió a cargo del padre de Enrico, fundador de la marca y hombre de tesón que creía firmemente que un emprendedor tenía que inventar algo para emprender.

Algunas lenguas aseguran que los Piaggio simpatizaban con Mussolini, pero lo único cierto es que la fábrica fue arrasada por la aviación americana durante la II Guerra Mundial, al igual que ocurrió con muchos otros objetivos, con un gran número de bajas entre los currelas que se hallaban su interior durante los bombardeos. En la cinta se recrea un episodio de 1944 en el que el heredero Piaggio se enfrenta a los nazis que pretenden llevarse a Alemania a los trabajadores supervivientes como mano de obra.

Una vez acabada la guerra, Enrico Piaggio se encuentra, pues, con una ciudad asolada y familias que dependen de él para ganarse el pan. Sin dudarlo, se remanga la camisa y trabaja contribuyendo al desescombro para tratar de hacer resurgir la industria familiar. El panorama no es muy alentador: entre el material que no está calcinado tan solo logra recuperar algunas planchas de aluminio, horquillas, ruedas de tren de aterrizaje y un pequeño motor de 98 c.c. para arrancar aviones. Ni puede volver a construir aviones ni consigue los fondos de reconstrucción para ello. Se cuenta que renunció a las ayudas del Plan Marshall por toparse con funcionarios corruptos que pretendían sacar tajada de las subvenciones, pero no sabemos si se trata tan solo de una manera de contribuir a elevar las cotas del romanticismo que forja la leyenda de la icónica motocicleta.

Un nuevo medio de transporte

Fuente: Vespa Roma

Lo que sí es mérito exclusivo de Piaggio es detectar un hueco en el mercado y no cejar en el empeño hasta conseguir hacer realidad su idea.

Italia necesitaba un medio de transporte ligero y económico, que pudiera ser conducido por cualquiera, y que llevara a los italianos allí donde se les necesitara para reconstruir el país. “Si Fiat hizo el Topolino, Piaggio tendrá el Paperino (el nombre italiano del Pato Donald)”. Y así es como se llamó el primer prototipo de la Vespa. Pero resulta que el pato salió rana y Enrico, nada convencido con el resultado, acudió a un brillante ingeniero, Corradino D’Ascanio, quien resolvió los inconvenientes diseñando el característico chasis monocasco, el brazo delantero inspirado en el tren de aterrizaje de un avión y cambiando la ubicación del motor a la parte trasera del vehículo.

Eccola qua! Había nacido la Vespa, llamada así por su innovadora forma de insecto y el zumbido del motor, que recordaba al de una avispa. La presentación del modelo que devolvió a los trabajadores a la fábrica Piaggio se hizo con 15 motorinos en el Club de Golf de Roma y Milán, el 23 de abril de 1946, entre gran entusiasmo y euforia por parte de la prensa.

Pero, tan solo dos meses después, un enjambre de Vespas cogían polvo en la fábrica y Piaggio era acorralado por acreedores y huelgas de trabajadores -a los que no podía pagar- instigadas por sindicatos comunistas. Una vez más sale adelante, no sin antes vender patrimonio artístico de la familia, con una genial idea: la gente quiere hacerse con una Vespa pero no puede costearla. Bien, la casa Piaggio las financiará, permitirá su pago a plazos, fiándose de la honradez de un pueblo italiano que lucha por su reconstrucción.

La cosa funciona hasta que a la Vespa le sale un nuevo competidor: la Lambretta. De nuevo Enrico Piaggio se ve en un atolladero que soluciona brillantemente y de una vez por todas: hay que hacer llegar a la Vespa al corazón de los italianos. Lo que de manera un poco más prosaica se traduce como “publicidad”.

Una moto de película

Fuente: FilmAffinity

Por aquel entonces, y ahora sí, en 1953, William Wyler rodaba en Italia la famosa cinta Vacaciones en Roma, un cuento de hadas contemporáneo en el que Audrey Hepburn daba vida a una princesa europea de incógnito en la Ciudad Eterna y Gregory Peck a un periodista norteamericano. Piaggio debió pensar aquello de “Luz! Cámara! Product Placement!” y consiguió que la pareja paseara su amor por la ciudad a bordo de una Vespa de 125 c.c.

Había nacido un icono de la posguerra, la imagen de la Italia moderna. El resto es historia. Posteriormente la veríamos coprotagonizar multitud de títulos como La Dolce Vita de Fellini; Jessica con Angie Dickinson; American Grafitti de George Lucas; Alfie, donde es protagonista tanto en la versión original de 1966 con Michael Caine como en el remake de 2004 con Jude Law; y un largo etcétera.

España y el Vespino

En España, las Vespas aparecen a mediados de los 50. Las marcas de ciclomotores autóctonas de la época (OSSA, Montesa o Lube) no podían competir con ella en una economía de posguerra. El representante de Fiat en España, Boldori Malandri, convence a Piaggio para que localice una fábrica en Madrid y en febrero de 1953 la primera Vespa de 125 c.c. producida en nuestro país (la empresa estuvo participada por el I.N.I., el Banco Urquijo y Piaggio) recorre las calles. Con el paso del tiempo la crisis hizo que se fueran cerrando algunas de las fábricas de Vespa, pero la sede española pudo sortearla creando un producto propio de feliz recuerdo para muchos: el Vespino, testigo mudo de tantos veranos adolescentes y paquetes, que, con suerte, se convertían en rollos.

Igualmente, quedan en nuestras retinas las Vespas amarillas de Correos que formaron  parte del paisaje durante décadas.

Icono cultural

Fuente: Stone Music

Aquel sueño de reconstrucción tras la IIGM de Piaggio, que se había materializado en forma de medio de transporte cómodo, de fácil manejo y económico, se convertiría en fenómeno cultural mundial durante las décadas de los 50, 60 y 70. En la película Quadrophenia (Franc Roddam, 1979) basada en la ópera rock del mismo nombre de The Who, y que recrea un mundillo de anfetaminas, música rock y power pop, tribus urbanas inglesas de los 60 y peleas callejeras como preludio de la época punk y thatcheriana, el protagonista lanza por un precipicio la Vespa de su ídolo, al descubrir que este es un fraude. Este acto representa su ruptura con el universo mod. Tal es la simbología de la scooter italiana.

De vuelta a casa, sabemos que nuestro vate de cabecera y autor de los que salen en la Selectividad, Enrique García-Máiquez, es un aficionado reconocido. De los que meten puño y se tumban en las curvas. Protagonista de alguno de sus artículos, la Vespa, al final se rindió a la evidencia cuando confesó que le encantaba hacer trámites burocráticos si eso suponía conducirla. Lo cuenta sin tapujos, rindiendo honores y casi cuadrándose ante ella.

Como no podía ser de otra manera, la casa italiana ha lanzado una Vespa conmemorativa, la 75th. Disponible para los modelos Primavera y GTS, recupera para el acero del chasis el color amarillo que nos devuelve a los años 40 y, en su parte trasera, la rejilla cromada que cubre la bolsa evoca el mítico contenedor de la rueda de repuesto. Eso sí, la reinterpretación es solo estética, ambos modelos cuentan con un sistema integrado de navegación de pictogramas.

Y es que, como reza el eslogan -puede que apócrifo- mod: It’s not the fast you go, it’s the cool you look.